martes, 12 de enero de 2021

-VIBREMOS EN EL AMOR-



El 2020 fue un año que nos revolucionó a todos, que nos tocó de maneras inimaginables, que puso de cabeza muchas cosas internas y externas, y que dio giros en nuestras vidas, para muchos de 180 grados.  


Ya saltamos a un 2021 y este año no pinta a  escasos días que llevamos, para ser más fácil, o mejor.  


Mi percepción a medida que voy ganando años, y que voy entendiendo que los hay de todo, tanto unos que te dejan con el mejor sabor de boca, como otros que te urge que terminen de lo complicados que fueron, pero en definitiva estoy convencida que no hay años malos o buenos. 


Hay años de aprendizajes y fuertes, de momentos que te gustaría jamás haber pasado, otros más que son tan disfrutables y lindos, que te gustaría congelar el tiempo para que se volvieran eternos.  


Pero lo complicado por lo real, es que no se puede ni lo uno, ni lo otro. Creo de corazón que la forma en que se debería evaluar un año, es en la medida en la que fuimos capaces de: reír, amar, de aprender, de perdonar, de seguir adelante, de ser valientes, de pedir perdón, de super cosas y superarnos como personas, dejar de lado el egoísmo, abrazar la resiliencia, desafiar nuestro ego, olvidar los apegos, y hacer un esfuerzo constante y diario por tratar de lograr el equilibrio emocional tan buscado, a través de la congruencia y ser mejores personas diario. 


Le tenemos tanto miedo al sufrimiento, a la muerte, al desapego, al fracaso, que muchas veces no terminamos de entender, que ellos son las mejores fuentes de aprendizaje que podremos tener en nuestra vida.  


Lo que pasa en muchas ocasiones es que lo cómodo, lo que no representa esfuerzo, lo que se da fácil, es lo que nos provoca seguridad. 


Y es que no nos enseñaron, que en ocasiones lo que más amas es lo que más te puede lastimar, que el aprendizaje viene en diferentes presentaciones. Que los cambios duelen, pero la mayoría de las veces traen cosas buenas, y si somos lo suficientemente valientes para hacerlos la vida nos recompensará por ello. 


Entender la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, y mejor aún con las que sí queremos depende sólo del cultivo de la voluntad.  


Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo. 


Si hay disposición siempre se encontrarán los recursos para hacer los cambios que sean necesarios. Y nunca olvidemos aunque estemos en el peor momento, y obvio en ese momento no será fácil recordarlo que: “Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso.  


Justo ahorita que está empezando el 2021 y con todo el aprendizaje del 2020, estoy decidida a  construir un buen año. ¿Cómo? aprendiendo todos los días a ser mejor,  entendiendo que a esta vida vine a tres cosas: -a aprender a amar -a dejar huella -a ser feliz. 


No olvidemos nunca que el amor, el buen trato y el respeto deben ser pilares en cualquier relación. Tratemos siempre de ir construyendo relaciones duraderas, de esas que cuando piensas en ellas lo único que te provocan sean sonrisas. 


Quiero ir por la vida dejando huellas y no cicatrices y eso solo depende de mí, de nadie más. Un buen camino para lograrlo es, ser buena persona, tratar a los demás como me gustaría que me trataran, ser mejor cada día e ir creando calidez dentro de mi casa,  haciendo hogar que para mí no es un lugar es un sentimiento.  


Me empeñaré en disfrutar los pequeños placeres de la vida, los amaneceres y atardeceres, las pinceladas de colores que nos regalan diario, las formas de las nubes, las lunas llenas, cada sorbo de café, los tragos de vino, los chocolatines y todo lo que me provoca bienestar, los besos, los abrazos, los amigos, mi familia. 


Busco crecer en lo espiritual, que para cada uno es una referencia distinta, es algo que se tiene que cultivar, cualquiera sea la visión personal. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual. 


Estamos inmersos en lo material, y hasta que no volvamos a lo realmente importante a entender que el caos se está provocando porque las personas fueron creadas para ser amadas, y las cosas para ser usadas, solo que resulta que ahora amamos las cosas y usamos a las personas. Y no es por ahí, es justo en lo opuesto. 


Demos paso a la conversación, y dejemos a un lado los celulares, las tabletas, las computadoras, dosifiquemos lo digital, ¿Y sí volvemos a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a las charlas con amigos en tiempo y forma real? 


Valoremos a nuestras familias, ese núcleo es el lazo más fuerte que tendrás de por vida. Es ese lugar al que siempre pase lo que pase sabes que podrás volver. 


Decretemos ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas,  sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos los mismos. 


Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican. Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro. 


Somos lo que damos y lo que damos siempre vuelve a nosotros, por eso seamos muy cuidadosos.  


Siempre se va a tratar de una historia de amor. De amarte a ti mismo, de amar a los demás y como mantenerte en la vibración del amor.  


Gracias por seguirme en esta aventura y leerme. Si les gustó este post compártanlo en sus redes sociales para que más personas se enteren.


MJBDU




 

 

martes, 24 de noviembre de 2020

-SOMOS POLVO DE ESTRELLAS-

 


La vida es tan incierta que te cambia en un segundo. Hace tanto que no escribía que no sé por dónde empezar con todo lo que me ha pasado en este año.  

Mi vida ha sido un giro constante de 180 grados. He pasado de estar soltera a literal en meses  vivir con alguien. De vivir en Puebla a ahora vivir en Querétaro. De tener una vida hecha y armada que me resultaba bastante cómoda y en la cual era bastante feliz. 


A lo incierto de vivir en otra ciudad con alguien que nunca había vivido, y con personas muy conocidas que cada día son más amigos, y que me encanta agregar personas a mi vida. 


Y empezaré este post diciendo que difícil es renunciar. Sí como ya mencioné antes, elegir es renunciar, decidí tener una relación de pareja, por lo cual renuncié a mi soltería.  


Elegí vivir en Querétaro por lo que renuncié a vivir en Puebla.  Decidí ponerme a dieta y cambiar mi estilo de vida alimenticio y renuncié a los postres, los chocolatines un día sí y al otro también, a los carbohidratos chatarra, y al azúcar procesada. 


Y saben el tema es que hay renuncias que te cuestan mucho más que otras, el renunciar a todas las cosas deliciosas me ha costado y un friego, pero al final es algo bueno que sí o sí, ese cambio está siendo para mejor y está impactando en positivo, sin más. Pero no implica una ruptura de corazón, ni el tener el alma dividida entre dos mundos.  


El cambiar de ciudad es lo que te provoca: es dejar a tu familia, a tus amigos, a los lugares que te encantan, las vistas que te vuelven loca, por otro lugar que no tiene todo eso, pero que te ofrece otras vistas que te fascinan a tu compañero de vida, a nuevos amigos que hacen todo este proceso más llevadero. 

Y no es que un lugar sea mejor que otro, simplemente que los dos te dan cosas, pero te quitan otras, y que siempre tu ideal de vida sería tener en el mismo lugar todo, pero el tema es que no se puede y pues eso cuesta. 


Este año como pocos en mi vida, me pasó de todo tanto cosas MUY buenas como cosas MUY malas. Cambios radicales, muertes de personas muy muy queridas, que dejaron una huella muy profunda.  


Viajes inolvidables, conocer personas que espero llegaran para quedarse. Enfermedades (por fortuna nada grave) análisis, doctoras muy malas, y otras muy buenas, tratamientos que me alteraron absolutamente todo emocionalmente hablando y físicamente también. 


Y al final después de cambio, tras cambio, y otro más. Terminé con una psicóloga que lo primero que me preguntó fue ¿Qué haces acá? Y mi única respuesta fue: acumulación.


Coronavirus (pandemia, encierro de meses, ansiedad, miedo) + novio (mudanza exprés, cambio de ciudad, vivir con una pareja por primera vez con todo lo que esto implica) Ya haré un post especial de eso. + tratamiento de hormonas (náuseas, vómitos, irritabilidad, dolor físico, mareos, llanto por todo y por nada, falta de resiliencia y equilibrio emocional) + enfermedad de mi mamá (el peor susto de mi vida) + dieta (adiós toda la comida deliciosa que me encanta en las cantidades que me gustan) = ¡me quiero volver literal loca, y necesito un break, esto ya es demasiado para mí!


 Pero creo que lo más importante es tratar de equilibrarme cuando no me siento así, conocerme mejor, para poder actuar de la mejor manera en relación a mí y a los demás. 


Y pues nada que a ratos soy la más feliz. A otros no tanto, a ratos no sé qué es lo que quiero, ni porqué ni cómo y a otros más lo tengo más que claro. Y en los momentos que no sé, estoy aprendiendo a ser paciente conmigo, a ser indulgente, a entender mis procesos, a vivirlos conforme van pasando.  


Al final del día si algo me demostró el 2020 es que somos polvo de estrellas, y que todo es efímero, 100% cambiable,  y que la vida puede dar giros de 180 grados en un segundo.  


Así que mi propuesta diaria conmigo misma es tratar de disfrutar mi vida lo más que pueda. Ir dejando huella en la vida de las personas. Valorar todo lo que tengo, en el momento que lo tengo e intentar ser lo más feliz que pueda, y cuando no se pueda ser lo suficientemente resiliente para pasarlo lo más pronto que pueda. 


Gracias por seguirme en esta aventura y leerme. Si les gustó este post compártanlo en sus redes sociales para que más personas se enteren.


MJBDU

 

 


-MI CHINUDA PRECIOSA-

Hoy estás durmiendo acurrucada junto a mí, por quinceava vez en estos días tuve que soltar, olvidar los planes y quedarme en el presente, cu...